Crónica de una lucha anunciada

Como lo habíamos prometido, Chicoverde y yo, junto con un aguzado equipo de profesionales de la investigación del Mal, nos hicimos presentes en el primer evento de franca agresión física, voluntaria, deliberada y absurda de la Nación. Chicoverde preparado para las más estremecedoras entrevistas; y quien suscribe, cámara en mano, lista para la inmortalización de lo que luego comprobaremos han sido escenas que dejarán una imborrable huella en el rumbo de nuestra maliciosa historia. Es mi intención, principalmente, contar los segmentos más emocionantes del suceso, desde las vivencias de nuestro pequeño grupo de cronistas de diversos medios independientes y giles que se nos prendieron a último momento porque no tenían nada que hacer. Para conocer más de lo que pasó y acceder a nuestros reportajes, esten atentos en el blog de mi compañero del MAL. 
A eso de las 17 hs llegamos al lugar de la cita después de un día de actividades estratégicas de cortesía y violación de máximas. Ya cómodamente ubicados en un sector pastoril cercano al agua, pudimos tranquilamente observar la progresiva llegada de los combatientes. En esta primera foto se ve a una de las primeras, una chica sencilla a la que si te encontrás en cualquier momento en la calle no te imaginás el monstruo violento que tiene adentro. Y sin embargo ahí está, lista para desenvolverse en un ámbito originalmente violento.

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"En mis tiempos nos conformábamos con baldazos de agua. Yo no se a dónde vamos a parar" comenta el ciudadano Tito, indignado.
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Aquí se lo ve transfigurado por el dolor, junto a un compañero que trata de calmarlo con frases animosas del estilo "No llores boludo, es una pierna nomás".***
"Revisamos un par de almohadas y encontramos ESTO" nos cuenta J. 
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El reportero Chicoverde, siempre a la vanguardia de la noticia, ávido de sensaciones fuertes y perseguidor de la verdad (por qué la persigue, no se, supongo que para matarla) fue visto en el epicentro de los hechos tratando de entrevistar heridos. Yo también traté de meterme pero al primer almohadazo mi instinto de autoconservación me hizo poner la seguridad de mi cabeza y de mi cámara por encima de mi vocación por fotografiar estos hechos terribles. 
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Sobre el final el infaltable grito ¡VIVA PERON!
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